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Biografía

MADRE ROSA OJEDA CREUS MADRE ROSA OJEDA CREUS

Una rosa es símbolo de amor. Nace, y crece lentamente protegida y resguardada del viento y de los hombres por su tallo que la fortalece y le suministra la savia, dándole vigor para crecer.

La familia de las Carmelitas de San José nace a partir de una de estas rosas. Madre Rosa Ojeda Creus, nació en Vilanova i Geltrú (Barcelona), el 30 de agosto de 1872, en el seno de una familia humilde, formada por el matrimonio Francisco Ojeda y Rosa Creus. Creció entre dos hermanos, Ricardo y Pablo.

A los cinco años, el 17 de abril de 1877, siguiendo el uso local, Rosita Recibe el sacramento de la confirmación. Ese mismo año quedan huérfanos primero de padre y después de madre quedando al cuidado de los abuelos maternos.

Chica alegre y modesta, enseguida va a la escuela donde será educada con rigor y disciplina. Le gustan la música y el canto y sus manos poseen una habilidad especial para coser y bordar, tareas últimas que no abandonará nunca en el decurso de su vida y que en determinado momento le ayudarán incluso a sostener a económicamente a su familia.

Sus manos también son hábiles tratando y cuidando a los enfermos. Así lo demostró cuando tuvo que hacerse cargo del cuidado de su abuelo necesitado de curas y reposo hasta el final de su vida. Este servicio fue transformándose en auténtica virtud cuando ella, juntamente con otras chicas del pueblo deciden acudir al hospital de Vilanova i la Geltrú a ofrecer su ayuda y dar amor y aliento a las personas enfermas.

Es este el inicio de una vocación que Rosa mantendrá latente y oculta en su interior hasta el momento en que se vio libre de las ataduras familiares. Así en septiembre de 1893, cogerá el tren con Destino a Vic donde se encuentra la casa de las Hermanas Josefinas de la Caridad.

Una vez allí, en seguida orientará su dedicación a tareas de atención domiciliaria al enfermo y de trabajo en la sastrería del convento, ¡qué tanto le gustan!, mientras prepara su noviciado.

El 5 de mayo de 1895 profesa los votos de obediencia, pobreza y castidad, y cambiará su nombre por el de Hermana Rosa Ojeda de San José.

Por su valentía será nombrada maestra de novicias y secretaria particular de la directora general. Las divergencias surgidas en el Instituto influyen en el ambiente que se respira, un ambiente que no satisface a nuestra hermana Rosa. Se observa un claro malestar dentro del convento, que cuajará en formación de dos grupos: las seguidoras de la directora general y otro pequeño grupo, que se va consolidando, y que empieza a plantear alguna salida a esta situación.

En estos momentos de dudas, será providencial su encuentro con el Doctor Josep Morgades, entonces obispo de Vic, Barcelona. Va ser él quien les brinde su apoyo y les impulse para que así el 10 de octubre de 1900 nazca una nueva congregación: las Hermanas Carmelitas de San José.

Dos son ya las decisiones que ha tomado la joven Rosa Ojeda i Creus en su vida, hasta el momento: volcarse a vivir la vocación que sentía en su interior y, posteriormente, ayudar a hacer nacer un instituto Religioso.

En 1909, con la Semana Trágica, la vorágine revolucionaria llegó hasta el centro del barrio de Horta. Madre Rosa vivió con paz, fe y confianza los hechos. Velando y cuidando su vida y la de cada una de sus hermanas.

Restablecida la paz, y vuelta a la normalidad, no sin dificultades y penurias; Madre Rosa y el joven Instituto miraban con esperanza el futuro. En 1912 se celebró el segundo capítulo general. Las virtudes y el dinamismo e Madre rosa, evidenciado a lo largo de su vida religiosa, hizo que fuera elegida casi con la totalidad de votos. Desempeñó el cargo por espacio de 42 años.

Siguieron acontecimientos políticos, más o menos destacados, que influyeron no poco en la marcha del instituto. Madre Rosa sufrió un verdadero calvario en estos años de persecución pues le afectaba sobremanera los padecimientos de sus hijas. Se olvidaba de sí para atenderlas y aliviar sus sufrimientos y se alegró cuando pudo regresar a casa para reiniciar en paz la vida.

Mujer prudente, procuró, siempre durante su mandato asesorarse por personas competentes, de manera que su gobierno estaba basado en el amor. Se siente madre de todas, se esfuerza en atenderlas con ternura, delicadeza y compresión.

Mujer rica en dotes humanas, dejó a sus hijas consignas llenas de sabiduría y realismo.

Los años iban dejando huella en su cuerpo, mientras su alma suspiraba sin cesar por el Señor. ”Cuánto tarda el buen Dios en venir a buscarme. Cada día siento más vivos deseos de ir al cielo…”repetía.

Por fin el Señor no se hizo esperar más y satisfizo las ansias de aquella mujer fuerte que el 15 de mayo de 1954 rendía tributo a la muerte, dejando tras de sí la estela luminosa e inextinguible que dejan los santos.

Su proceso de Beatificación se inició el 7 de julio de 1977, siguiendo con regularidad su corso en Roma. La hora de Dios no se hizo esperar demasiado y la Santa Iglesia, con el reconocimiento de sus Virtudes Heróicas, el dia 3 de julio de 1998 la declaró Venerable, ocupando la Sede Apostólica su Santidad Juan Pablo II.
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